Madre y Reina de Nicaragua
Ntra. Señora: Señales de Luces
En el nombre del Padre,del Hijo y del Espíritu Santo.
Yo, Bernardo Martínez voy a contar a mi Obispo,
Mons. Pablo Antonio Vega, los acontecimientos en el valle de Cuapa.
Quiero obedecerle.
En todo me someto a el.
Fue en la capilla vieja donde empezaron las señales, en una fecha que no recuerdo; tal vez a finales de Mayo. Entrando yo a la sacristia encontre una bujia encendida. Yo entonces culpe’ a Doña Auxiliadora Martinez porque crei que ella la habia dejado encendida. En otra fecha que no recuerdo, volvi a entrar a la capilla y halle’ otra bujia encendida; tal vez en los primeros dias de abril. Entonces culpe’ a Doña Socorro Barea. Yo no pensaba que venian del cielo estas señales y por eso formaba pleito con estas señoras, por el gasto de electricidad. Queria decirles que tuvieran mas cuidado con la luz porque tenemos poco dinero. A mi se me habian dado las llaves... y siempre el que maneja las llaves de una casa tiene que tener mas cuidado. Y esto era mi inconformidad. Pero cuando quise ir a regañarlas y fui a la casa para hacerlo, entonces... no pude decir nada. Las miraba inocentes -en mi interior miraba yo eso- veia yo que las estaba culpando sin culpa. Pense’ entonces no decir nada y si algo se gastaba mas del minimo, pagarlo yo.
El 15 de abril de 1980 mire’ la imagen toda iluminada. Pense’ que eran los muchachos que jugando en la plaza habian quebrado las tejas y asi era que entraba claridad sobre la imagen. Tambien pense’ que les iba a cobrar las tejas y la reparacion, pues ya antes les habia cobrado; desde entonces no lo habian vuelto a hacer. Pero yo pensaba que ellos habian entrado intrusamente porque yo vivo lejos y pense: “Ahora que yo no estaba, jugaron y me quebraron las tejas”. Me acerque’ para ver y vi que no habia ningun agujero en el techo; sali para ver si por las ventanas entraba luz de afuera y no vi nada; volvi cerca de la imagen a ver si le habian puesto un rosario fosforescente, mire’ las manos, los pies, el cuello... No era nada de eso. La luz no salia de ninguna cosa, la luz salia de ella. Para mi fue un gran misterio eso. Con la iluminacion que ella daba se podia caminar sin tropezar. Y era de noche, casi las ocho de la noche porque habia llegado tarde. Entonces fue cuando yo comprendi que esa cosa era extraña... y que ya no era una cosa comun, pues... para mi.. Yo pense: “La Santisima Virgen, la Madre Santisima, esta enojada conmigo porque yo he andado peleando con la gente y decidi pedirles perdon porque me conmovio tanto el verla asi,iluminada... la vi linda... la imagen... ahora... ya no la veo tanto...
Me fui a tocar la campana porque llegué con una hora de retraso y con lo de la iluminación, más tarde se me había hecho para el rezo del Rosario. En mi pensamiento tenía grabado todo aquello que había visto y pensaba: “Soy el culpable”.
En estos pensamientos andaba cuando me acordé que abuelita me decía cuando era niño que nunca fuera candil de la calle y oscuridad de mi casa. Comprendí mi pecado: Quería que otros hicieran la paz y yo andaba peleando en mi casa. Digo e porque había ayudado a solucionar un problema en el pueblo de Cuapa. Había división entre la gente porque muchos se oponian a que llegaran cubanos para la alfabetización. En especial se oponían los muchachos alfabetizadores. Ellos decían que entre todos podríamos hacerlo: profesores, alumnos del centro escolar y personas voluntarias del pueblo. Los muchachos estaban tan violentos que decían: “Si el Padre quiere que aquí vengan cubanos, que mejor se vaya él a su Italia”. Pero poco a poco hablando con el Padre arreglamos todo sin violencia. Digo que arreglamos todo porque a Cuapa no llegaron cubanos para la alfabetización.
Pero en la Comarca del Silencio hubo un problema con un muchacho que se enfermó y tuvieron que llevar a un cubano para suplirlo. Resulta que el cubano, al ver que los campesinos daban gracias a Dios por la comida, les decía: “No digan así. Digan como nosotros decimos: Gracias a Fidel que ya comí’. Esto vino a ser como prueba de que llevábamos razón en no querer que llegaran cubanos a Cuapa porque este muchacho esta enseñando a poner en el lugar de Dios a un hombre.
Yo pensé en todo esto y me volví al pensamiento de que ayudé a poner paz, pero en mi casa no lo estaba haciendo. Y decidí pedirles perdón delante de toda la gente. Lo hice. Ellas me perdonaron.
Después del perdón público conté a toda la gente que vino a rezar el Rosario, lo que había visto: la imagen iluminada. Pero dije que lo guardaran en secreto. No fue así. El secreto corrió por todo Cuapa y yo sufri con ello por las burlas que algunos hicieron.
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